sábado, 3 de febrero de 2018

La ingeniera no tiene quien le escriba 3/28

Así nació el relato.
Eran casi las 4am y seguía dando tumbos en la habitación, me levantaba lentamente de la cama vieja que dejaba escapar un chillido limpio en cada cambio de presión.
El sudor del mes de mayo recorría mi cabeza de marañas doradas y la desesperación me abrazaba entre las pocas sábanas que poseía para cubrir la desnudez de mi colchón.
No había mensajes, ni inbox, no what’sapps, nada de snaps, el silencio cibernético comprobaba solamente que el día había terminado hace unas horas y yo quería seguirme aferrando al suceso último que me mantenía despierta.
Leí por última vez la conversación pasada y decidí dejar que el cansancio me noqueará.
Ya en pose de bella durmiente una lagrima fugitiva se escapó para recorrer el tradicional trayecto de mi nariz, labios y morir añejada en el blanco de mi funda.
No hay que llorarle a la espera.

La ingeniera no tiene quien le escriba

Habían pasado muchos años sin que recibiera una carta de su amor y vivía con la ansia extrema de ser buscada por él en las noches mientras el sueño perturbaba su espera.

Fortunata no sabía cómo dejar de esperar, era algo tan propio de ella que creía fielmente en las promesas de un caudillo descarriado que la enamoró en su juventud, tenía ya cerca de las 57 primaveras y se le empezaban a notar las flores del panteón en los dorsos de las manos, caminaba con más precaución pero se mantenía alerta de cualquier indicio de que el amor le volvería.

Había sido útil los primeros años desde que el joven caudillo la había dejado, hacía de todo, cantaba, bailaba, estudiaba, se reía, pero cuando las hojas del calendario se fueron cayendo y convirtiendo en meses, años, lustros, la incandescencia que le guardaba dentro se fue escondiendo ante lo oscuro de su alma.

Era buscada por los muchachos jóvenes, como parte del mito de que si la despojabas de sus ropas, aún tenía marcados besos perpetuados de años como recordatorio de la maldición que ella misma se vio impuesta.

Había dejado de salir, de preocuparse por los pelos que le salían por doquier de su trenza mal hecha, por usar aretes y comprarse embellecedores, por darse pinceladas de cariño por la cara y lo único que le quedaba de elegante era su vieja falda lápiz que era entallada hasta la debajo de la rodilla. Sus pellejos eran testigos de cómo su figura redonda había sido víctima de la amargura y ahora estaban más pegadas al hueso de lo que una vieja flaca querría.

El tiempo le había ganado y con él se llevó la vivacidad de sus ojos y la sonrisa franca que la caracterizaba. Siempre espero que el amor le regresara y aquella tarde, después de tanto tiempo, ella se volvió a enamorar.

Santos era un tipo con suerte, le había ido bien en la vida, hasta que por desgracias de salud su esposa murió en abril, desde entonces se la pasaba dando tumbos por las calles lúgubres, petrificado en la iglesia, de la cual solo salía para comer sus sagrados alimentos y descansar en las noches, purificando su alma, rezando por la de su esposa y buscando consuelo en las manos de los curas.

En una de sus andanzas de la iglesia a su casa, que se encontraba a borde de la bahía, se tropezó con Nata y aunque el pueblo era chico y el infierno grande, nunca había tenido la gracia de toparse.
Las almas esperanzadas se reconocen, así como los perros, se huelen las penas y cuando la vio con su falta justa y su blusa vaporosa, suave como la seda, supo que la fortuna le había regresado.

Se animó a pararse a platicar con ella, lo que era mal visto desde la vez que unos turistas calenturientos se intentaron aprovechar de Nata y ella le arrancó un pedazo de oreja a uno. Sin conocimientos previos de su carácter difuso, la curiosidad de comprobar el estado de su ser lo empujo a arriesgarse.

Le invitó un café, bueno té en realidad, de esos de bolsitas de frutos rojos que ofrece un tradicional café cerca de la playa, hablaron y hablaron y como la China bajo los rayos del sol naciente, los ojos de Nata se llenaron de luz, una luz perdida en los tiempos.

Ella le contó, obviamente, del caudillo y de su larga espera y Santos le comentó que la espera que él tendría que padecer era aún más larga, porque cuando su día llegase atravesaría el tiempo mismo para encontrar, del otro lado de la vida, a su finada esposa.

Los dos estaban enfrascados en viajes imposibles, en travesías interminables y aunque le eran fieles a sus amores, no les hacía mal la compañía de otro ser en desgracia.

viernes, 2 de febrero de 2018

Los funerales de la fe 2/28

Los funerales de la fe.

¾     Te dije que no vinieras- soltó él con aire de reclamo.
¾     Me pareció más una sugerencia que una restricción-se excusó ella decidida a quedarse.
¾     Fernanda no tienes nada que hacer aquí, tu misma lo dijiste ¿te acuerdas?.
¾     Yo siempre voy a estar, aunque ninguno de los dos lo quiera. Siempre estaré aquí - se señaló el corazón y con un ágil movimiento recorrió su mano hacia la cabeza. - perdón, acá.
¾     Tú ya no estás ahí hace bastante.
¾     Como sea, no vine a hacerte más amargo el trago, vengo porque tu mamá me lo pidió.
¾     Está muerta Fernanda. –Lo dijo como un grito ahogado pero haciendo énfasis en el hecho de que le molestaba que se hablara por los muertos.
¾     Me lo dijo antes de su última recaída. Consiguió mi número de no se dónde y hablamos, tenía miedo de que nadie viniera a apoyarte, peor, que tu no dejaras que nadie te apoyara. No tienes demasiados amigos ¿cierto?
¾     ¿Ella te llamó?- había genuina sorpresa en sus ojos.
¾     Sí.
¾     ¿por qué?
¾     -No lo sé, era tu mamá, tú la conocías mejor que yo, yo solo quise cumplirle lo que pedía, no es de buena educación decirle que no a un enfermo.
¾     De seguro pensó que iba a necesitarte.
¾     Tu no me necesitas - se señaló la cabeza y arremedando su voz ronca lo imitó- “hace harto que no estás aquí”
¾     Pero estás- bajó la mirada y la pausa que había hecho al dolor de la muerte se reanudó, de manera que ella lo vio más pequeño que nunca, más delgado que nunca y por primera vez desde hace más de 10 años lo vio llorar.
¾     Ella pensó que aún te amo. –Soltó con un hilo de voz que se perdió en el te amo. Ahora ambos estaban con la mirada gacha. Ella aún lo amaba, a su forma.
¾     No puedo creer que te recordara.
¾     Gracias- soltó con sarcasmo y una mueca de ofendida se dibujó en su frente.
¾     ¿Cuántas veces se vieron? ¿2? ¿3?
¾     Creo fueron 2, pero al parecer mi cara de estúpida fue suficiente para que supiera que estaba enamoradísima de su hijo.
¾     A lo mejor te hablo en delirios, le daban muy seguido en el final.
¾     Se escuchaba razonable pero no importaba que no me lo hubiera pedido, yo hubiera venido… eres tu- sintió como el color de sus mejillas explotaba en su piel- un fiel amigo.- Se quedó un rato en la palabra “amigo” para que él entendiera que venía en son de paz.
¾     ¿Y yo soy el mentiroso?.

Se hizo el silencio y ella permaneció callada, le tomó la mano y volteo a ver la mirada perdida y vidriosa de él, sintió su tristeza, una vez más, abrumándolos, lo abrazó de lado y le besó el cachete y entonces fue él quien se sintió mal por ella, tenían demasiado tiempo sin hablarse pero las palabras nunca fueron necesarias para comunicarse entre ambos.
Ella lo lamentaba, en realidad lo lamentaba, por que aquella mujer que ese día yacía en medio de la sala, era la única que creía que se amarían para siempre, y con ella se murió la esperanza de que así fuera.


jueves, 1 de febrero de 2018

Tomar la fresca 1/28

No sé si sepan pero aquí en Rioverde (o Ciudad Fernández, no entraremos en detalles de peleas antiquísimas de si es Rioverde o Fernández, porque para mí que crecí y viví en ambos son lo mismo, en diferente lugar, con gente diferente y costumbres diferentes pero, para fines prácticos, son lo mismo) tenemos una maña que debería ser considerada patrimonio de la humanidad, porque gracias a ella se han podido transmitir más conocimientos, chismes y noticias de los que Google puede encontrar; hablo de tomar la fresca.

Esta noche he podido presenciar una plática de esas y aunque es costumbre mía sentarme a escucharlas, cada vez son menos las oportunidades de ser testigo, cuando tengo la dicha de tropezarme con una me acomodo en una sillita y soy arrullo con la maraña de historias de gente que murió hace años o gente que tiene noventa y tantos, de casas que no son de los dueños originales, de las casas viejas de quien sabe quién, de locales que ahora son cosas que no eran antes, de la papelería que fue antes bisutería y vendían ropa, eso después de que las hermanas se pelearan la herencia que dejo la mamá que se quedó viuda bien joven, que lotearon la  casona grande y más cambios aleatorios que ha sufrido el paisaje céntrico de mi Rioverde  y esta noche, no fue la excepción.

Mi mamá había huido nada disimuladamente de una cena de cumpleaños y mis hermanos me abandonaron en otra plática de grandes que no sonaba interesante,  así que me dispuse a seguir a mi mamá. La encontré con mi tío, que era un personaje en vida, vestía pulcro como siempre, con una playera blanca sencilla de cuello uve y unos jeans de señor grande, en la punta de a uve de su playera colgaban unos lentes que le molestaba usar, pero que cargaba por si las dudas de necesitarlos, en su mano chocolate tenía una cajetilla de los Marlboro rojo, reciente cambio de sus acostumbrados Raleigth que lo había visto fumar desde que tengo memoria.

Observarlo y escucharlo era para mí como leer un libro de historia, siempre había un trasfondo de cada anécdota, de cada comentario y lo decía con una elocuencia de la que ciertamente siempre estuve celosa. Cuando me recibía con alguna frase que iba dirigida a que ya “casi terminaba mi carrera” y me hacía sentir culpable por no poder ser tan buena en todo lo que él creía que yo era.

Tomo un Marlboro rojo y lo puso en su boca y en un rápido movimiento lo prendió mientras le daba su primer fumada, era la única persona que podía hacer eso enfrente de mi mamá y a ella no le molestaba, ni salía de sus labios algún comentario como “Yo no le veo el chiste a quemar dinero”.
Llegué sigilosamente explicando los motivos de mi huida y me senté en la jardinera rota de por vida del arbolito que estaba afuera de la casa de mi tío.

Rápidamente él quiso incluirme en la plática haciendo gala de su conocimiento de mi nuevo “trabajo” de vacaciones  en la presidencia: 

¾     La casi ingeniero empleada municipal- soltó entre humos y risitas.

Me causaba un poco de pena, ya que siempre me quejé de los empleados municipales e irónicamente había terminado trabajando ahí de una u otra forma, aunque fuera cosa temporal.

Empezó  a retomar el ritmo la plática que interrumpí y me perdí un poco en los pliegues de su cuello y su piel que aunque no alcazaba a percibir ningún aroma peculiar,  imaginé que olía a lo usual: jabón y cigarro, una combinación que no quería que mi nariz nunca olvidara. Trate de echarle un vistazo y grabar en mi memoria ese día, el día que entendí que en un futuro todo lo conocido se acabaría y de él solo me quedarían los recuerdos, justo así, de blanco y con cigarro en mano, ese vicio que hacía que sacara más que humo por la boca, que sacara historias.

La plática se volteó hacia mí y mis recientes actividades, hubo un cuestionario de apellidos y de personas con las que trabajaba y obviamente el nombre de mi jefe salió a relucir, pareció que había demasiadas historias que contar de tras de él, su supuesto parentesco con Silvia Derbez, la belleza de su madre, la elegancia de sus ancestros, sus antiguas viviendas, las propiedades que ya no eran de la familia, los lugares que si siguen siendo, las atrocidades estructurales de los cambios arquitectónicos de las remodelaciones, su pasado, sus cosas, todo sobre él, nunca tuve idea de cuánto sabían mi mamá y mi tío sobre absolutamente todo lo que me rodeaba, pero siempre olvidaba que lo que hace a un pueblo pueblo, es precisamente la gente que lo habita.

No somos muchos, pero somos todos conocidos, en sus mayoría y no podía dejar de decir apellidos cada vez que conocía a alguien o algún nombre nuevo se me escapaba y ellos llegaban al tuétano de las historias.

“¿Y esa niña como se apellida?”, preguntaban siempre, “¿y por donde vive?” y lo describía vagamente, ahí era cuando la sección amarilla mental de mi familia cobraba vida y daba con su árbol genealógico: “sus papas tienen una tienda de bisutería y su abuelita viva en la calle dónde antes rentaba tu tía”, jamás entendí sus deducciones, ni sus habilidades, pero era casi casi un placer que ellos lo supieran todo, algo que espero me hayan podido heredar, el don del saber.  

Me gustaría poder recordar más de aquella noche, de hace un tiempo ya, desafortunadamente, me la pase gozándola en lugar de grabármela para después escribir de ella, son las complicaciones de vivir el momento, solo dura eso, un momento.



lunes, 8 de enero de 2018

Cartas a las Fernandas pasadas,presentes y futuras.

Carta a la yo del pasado.

Querida niña, ¿qué consejo te debería de dar?
Sé que parece el fin del mundo, a los 17, todo parece el fin del mundo, no llores, no lo es.
Vendrán cosas peores y necesitarás esas lágrimas para cosas que si valgan la pena. Él es un sueño, pero tú eres el sol, no lo olvides. Brillaste mucho antes de él y lo harás después.
El mejor y único consejo que te puedo dar es que te quieras. Que jamás te abandones a ti misma, que el amor más grande que te va a llegar es el que sientes por ti, nunca lo olvides, no le des a las personas el poder de lastimarte, se lo fuerte que eres pero eres tan sensible como alas de mariposa, una carcasa impenetrable hasta que la abres y todo dentro de ti es de cristal, es bueno ser buena, aunque pienses que es aburrido. Hay tantas cosas por vivir, por hacer. No desperdicies tu tiempo en lamentarte con errores del pasado, no vale la pena, no lo puedes cambiar, pero si tu futuro, ese siempre ha estado en tus manos.
¿Recuerdas lo mucho que te molesta que te digan que puedes ser lo que tú quieras?, no te enojes, tienen razón. Agradece el amor que te dan tus papás, tu familia, tus amigas. Las personas que te quieren, procúralas, son tus pilares, ellos te dan la fortaleza que necesitas cuando vas flaquear, tu mamá, es el regalo más hermoso que te ha dado Dios y ella siempre te va a apoyar, sé que no puedes entenderlo a él, pero así es. No va a cambiar, acéptalo y supéralo.
Deja de llorar en las noches, de comer frappés y migadas y de culpar a los demás por tus errores. Asume las consecuencias de tus actos, no te mientas. Siempre se honesta, contigo misma y con los demás. Ve la película TODAS LAS CANCIONES HABLAN DE MI y grábate en la memoria el monologo de Andrea. Te ayudará montones los años siguientes.
Sabemos que no te gustan los cambios, pero es algo inevitable, evolucionar constituye una infidelidad, a los demás, al pasado, a las antiguas opiniones de uno mismo, una afirmación de que las cosas pueden ser no solo diferentes si no mejores.
A veces estarás tan mentida en tu drama personal que se te va olvidar que los demás también tienen problemas. Sé buena amiga, tus amigos lo valen.
Jamás abandones a Sandra Castillo, incluso, aunque ella te abandone a ti. El amor cambia a las personas y mientras todos encuentran el amor en otras personas, tú lo encuentras en ti misma. No los culpes, no están mal, ni tú lo estás, es la manera en la que cada quien quiere ser feliz. Deja de juzgar a las personas tan severamente, a veces no entiendes sus acciones y los errores que comenten pero recuerda que tu no estas exenta de cometerlos. Equivocarse es muy sencillo.
Por último. No dejes de hacer las cosas que amas. Escribir. Por favor no dejes de escribir, aunque te rompas el brazo, aunque no sepas ni que escribir, ponte enfrente de una computadora, arranca una hoja de papel, una servilleta, cárgate siempre un lapicero y deja que fluya. Comparte lo que sabes, porque el conocimiento muere cuando nos lo quedamos.
Y sé feliz. Mucho, no dejes de sonreír, incluso en los días nublados.
Te quiere eternamente
Tu yo de 25.



Carta a mi yo del ahora.
Fernanda.
¿Qué tal este 2017? ¿De locos no?
Espero que hayas aprendido mucho. Lo sé. Fue feo y raro y divertido y mortal. Lo disfrutaste mucho. Pero ya se ha ido.
Yo pienso que hemos avanzado un montón este año, que nos volvimos más maduras. En verdad, aunque te rías. Ya no somos tan impulsivas y hemos sido capaces de dejar las cosas que nos gustan pero nos hacen daño. Eso hace un adulto responsable. También pudimos aceptar que no lo sabemos todo, que hay ocasiones en que necesitas alguien más lista que tú.
Tal vez no tenemos todas las respuestas. Tienes muchos planes, deja de postergarlo, hazlos ya.
Y sobre eso. ¿A poco pensaste que todo iba a salir bien? No seas ridícula. No puedes controlarlo todo. Y tampoco puedes dejarlo todo en manos ajenas para desligar responsabilidades. Se consiente de ti y vuelve a disfrutar de las pequeñas cosas. Debes viajar más definitivamente y ahorra por amor de Dios. Queremos una casa y tu diseño se ve bonito, ahora imagínate viviendo ahí. Haz quitado la habitación de sobra. No se llama poca fe, se llama conocerse.
Espero que ya hagas ejercicio y deja de culpar a Hilda por no hacerlo. Prepárate para las bodas de todas y no te hagas cosas locas en el cabello. Pobrecito.
Siempre dicen que “dios nos quita algo porque viene algo mejor” pero tú y tu desesperación. Decidiste quitarlo tú misma. Suena bien, se fuerte. Nada nunca es tan malo que una copa de vino al final del día no solucione. UNA COPA NADA MÁS.
Por cierto, deja de pasarte con eso. Te dio hepatitis y has de tener hígado graso, ya basta.
Ve con todos los especialistas que tengas que ir. Nutriólogo, entrenador personal, ginecólogo, maestro de yoga, terapeuta.
Es la parte rápida de la canción Fer, es donde todo pasa muy rápido y nadie sabe que te cuesta un chingo, es cuando empieza a golpear la pelota de Tom en “500 días de Summer” y haces las cosas bien. 2018 es para hacer las cosas bien.
Aquí te dejo tu propósito, tu único propósito para el 2018:
Que este año sea mucho mejor que el 2017.Que cada día me sienta más guapa, más lista, más sana y más feliz.

Pórtate bien. Y si te portas mal, si te vas a portar muy mal, pues escríbeme sobre ello.
Por último, escribe ese libro. No dejes de reírte de ti misma y ten tanta fe que aunque no tengas jardín, compres una podadora.

Te quiere
Fer
Carta a mi yo del futuro.

Doña Fernanda. Dudo mucho que te guste que te digan así, de seguro aún has de pelear que te digan señorita aunque les cueste más trabajo.

¿Cómo andamos con los 30? Ufff.

No te agobies por favor. Sé que no has de tener demasiado tiempo para leer esto, pero por favor hazlo con calma. Saborea una cucharada de pasado.
Supongo que no tengo ningún consejo que darte, al contrario, tú has de ser más sabia que yo misma.
Espero que tengamos una vida más sana, que tengas mucho trabajo, que te paguen bien, que hayas hecho las cosas que querías y que tengas muchos proyectos en mente. Como siempre.
No me preocupa que nos hayamos quedado en el mismo lugar, sé que no lo harás. Te exiges mucho a ti misma. Eres demasiada presión para ti.
Tómate 5 minutos milky-way.
Respira, siéntate enfrente de un canal y baja los pies, arremángate el pantalón y mójate las plantas. Te hace falta.
Deberías de comparte una cosa de esas para  hacer masaje en la cabeza, es la maravilla de la vida, págate un día de spa y hazte un peeling.
Empezaré a ponerme crema para las ojeras. No te quiero con arrugas por descuidada y usaré protector solar, lo prometo. Sé que pagaremos caro si no lo hago.
No sé si tienes hijos, si ya te casaste o si has seguido estudiando. No me importa. Nada de eso en verdad me importa. Tal vez te fuiste de misionera a África, tal vez, perdiste el rumbo y vives debajo de un puente. No lo sé, y la verdad no quiero adivinar.
Solo recuerda que todo lo que eres ahora es fruto de las cosas que has hecho, de las decisiones que has tomado. No te lamentes. Sé más fuerte, más feliz. Quiere mucho y deja que te quieran, aunque suene muy difícil. Sabemos que eres difícil de querer. MUY PINCHE DIFICIL DE QUERER.
Disfruta a tus sobrinos, a tus papás si aún los tienes, a tus hermanos, juega UNO con ellos, basta. Visítalos, ríanse hasta que les duela la panza. Ve a tus amigas. A tus amigos, a tu novio/esposo/amante, si es que lo tienes, y si no, pues no te preocupes, ambas sabemos por qué.
Cómprate esos zapatos que te gustaron. Y sigue comiendo sano y haciendo ejercicio. No me quiero morir joven.
Insisto, no quiero adivinar que me repara el futuro, que hice o en qué me equivoque, porque cualquiera que sea voy a tenerme a mí misma para averiguarlo, serán los planes de Dios, los míos, el destino o alguna pluma flotando. Ve Forest Gump. Recuerda lo mucho que te gusta leer y escribir.
Escríbeme una carta. A mano. Quiero saber de ti. Déjala ir en un globo y me llegará. Por qué el amor es lo único que trasciende en el tiempo. Y querida, tú y yo nos amamos.

Te quiere

Tu yo de 25. 

martes, 26 de diciembre de 2017

Desde el infierno.

Capítulo 2
El infierno no es tan caliente como imaginas, es más como sofocante.
Como cuando queman caña a los costados de la carretera y te asfixia el humo y el olor y todo, pero el calor es soportable, raya en la línea de lo tolerable.
Lo peor del infierno es el olor. Huele a pecado, me dijo un inquilino, que dice que a cada quien le huele diferente (sin albur). Yo sentí que todo el lugar olía a sangre de perro, de esa de perra recién parida.

No había venido en un tour normal, venía por alguien. Por ese ser que tenía que entrar conmigo al cielo.

Onceaba columna, sexta fila, cámara 7.

Estaba ahí, en short, con la pancilla al aire y sudando de entre las barbas, con su camiseta empapada. Molía carbono y lo lanzaba a un pequeño hornito que estaba en la cámara.  El tizón del carbón le manchaba las manos y la frente y el sudor era negro de tanto tizne.

¾     ¿Qué haces aquí?
¾     Vine por ti
¾     No seas ridícula, me dijeron que te llevaron a arriba.
¾     Nadie me llevó, ahí me tocó a mí.
¾     Vienes a burlarte, a decirme “te lo dije”.
¾     No lo creo necesario. Satanás hizo mi trabajo. Además no cruzaría el infierno para burlarme de ti.
¾     Vete, cierra la puerta.
¾     No me iré a ningún lado si no es contigo.
¾     No puedes estar aquí y yo no puedo salir.
¾     El de la puerta es mi amigo.
¾     Fernanda, el de la puerta no es amigo de nadie.
¾     Si lo es si sabes de que cigarros les gustan.
¾     ¿Sobornaste al cadenero?
¾     Algo te tenía que aprender, así que tienes dos opciones… ¿te quedas a moler carbón o te vas al cielo conmigo? Decídete pronto.
¾     Pero no puedo salir de aquí.
¾     ¿Por qué no?
¾     Se supone es mi castigo.
¾     Dios te dio esa cara, las mejillas hinchadas, el cuerpo de perro  y la lengua con veneno. Para mi parece suficiente castigo.
¾     No lo entiendes.
¾     No puedo entrar al cielo sola. Es de a dos. Y según ellos, tu eres mi dos.
¾     Pero estoy aquí.
¾     Traigo un traje de bombero que pesa mucho y he alumbrado el camino con la lámpara de mi celular, he bajado al estacionamiento, abierto la puerta y te he buscado por todos lados. Levanta tu trasero y vámonos. Si quieres reclamarme, me reclamas después.
¾     ¿Por qué yo?
¾     No lo sé. Yo… te quiero.
Se le salió un suspiro y respondió.
¾     Deja me pongo pantalones.
¾     Afuera también hace calor, así vente.

Se levantó del banco en la esquina y salieron de ahí, el piso estaba caliente según él, pero ella estaba demasiado ansiosa por salir así que le prestó su botas y ella se quedó en sandalias, le ardían las plantas de los pies, pero le ardían más las ganas de llegar al paraíso.
Él se empezó a quejar de que las llamas le quemaban los brazos, así que ella se quitó la chaqueta y lo apresuró más, por último las piernas le dolían y ella en un acto de bondad y desesperación de dio el traje entero de bombero.

Cuando llegaron a la puerta, el cadenero no les permitió salir, así que ella deslizó un paquete de Raleigh en su mostrador y él abrió la puerta sigilosamente aunque dejó escapar un rechinido que los delató. Justo antes de salir él la empujó y  ella calló de sentón.

¾     ¿Cuantas veces te he dicho que no le digas a alguien que lo quieres?

Salió del infierno y ella quedó en la trampa de carbón que se encontraba justo detrás.
Le había dejado en el infierno y ella voluntariamente le había cedido todo su kid de protección.  Él era una lombriz desgraciada traicionera y ella ,en un  intento desesperado por sacarle agua a las piedras, fue por él al infierno.

¾     “Cuídate de los buenos, que los malos yo te los señalaré” Se repitió mentalmente.

La guardia infernal, llegó por ella y fue tomada presa, llevada ante Hades y juzgada.

-    
   -    Niña, ¿qué hace un ángel por estos lados?
-          Siendo pendeja, querido Hades.
-          ¿Te acuerdas cuando te dije que no confiaras en él?
-          Pensé que mentías, eres Hades.
-          Podré ser Hades querida, y ser malo también, pero siempre te he sido honesto ¿o no?
-          Por desgracia.
-          Ahora has dejado ir al prisionero, así que tomarás su lugar.
-          Pero yo soy del paraíso.
-          Dejaste este derecho cuando viniste a buscar a tu traidor.

Mientras caminaba en el suelo ardiente, ella sentía arder algo más que las plantas de sus pies, era su muy lastimado ego. Había creído en un sucio pecador a cambio del cielo. Todo por el cielo.

Se mentó la madre mentalmente hasta que su propia madre le llamó la atención en su cabeza. “¿Qué culpa tengo yo de que seas tan pendeja?”-  Le decía y ella entendió que los demás no tenían por qué cargar con sus errores.

El cadenero, que se volvió su amigo, el fumaba y ella dejaba que le humo le azotara la cara.
-        
  Se veía venir.
-          Lo sé
-          Ni aquí lo querían
-          Lo sé
-          Si quisieras te podrías ir, yo dejo la puerta abierta.
-          ¿A dónde iría? El cielo está ´prohibid, y el infierno no es tan caliente.
-          Podrías ir a vengarte.
-          No va con mi estilo.
-          Se la pasa hablando mal de ti, le ha dicho a todo el mundo que lo ambas tanto que cruzaste 7 mares, 5 continentes y el infierno entero por salvarlo, que te pusiste de rodillas para sacarlo de aquí, que le ofreciste todo para que saliera y luego, que por un extraño motivo le dijiste que era mucho para ti,  que él intentó convencerte, pero que le dijiste que él se merecía algo mejor. Lo que más que gustó es que le dijo al encargado de la limpieza que estás muy frustrada.
-          ¿Qué le dijo que a quién?
-          Al de la limpieza
-          El maldita lombriz desgraciada, me deja aquí, abusa de mí, me utiliza y después se jacta de ello.
-          Sí.
-          Dame la llave
-          Espera, tiene que parecer un accidente.
-          Abre la maldita puerta.
-          Ok, ok.

Ella salió, tan fácil como había entrado, subió las escaleras, abrió la puerta, y llegó al estacionamiento, después al primer piso.
Llegó con la recepcionista y le explicó como habían pasado las cosas, la señorita recepcionista dijo que el gerente no se encontraba y que era algo que debía resolver con él.

-          ¿A dónde van los descarriados del infierno?
-          Al bar.
-          Lo voy a matar.
-          No puede, aquí todos están muertos.

-          Lo voy a rematar. 

sábado, 11 de noviembre de 2017

Los valientes no lastiman.

Los valientes no lastiman.

“He estado intentando convencerme que abandonar a una persona no es lo peor que se le puede hacer, puede parecer doloroso, pero no tiene por qué ser una tragedia. Si uno no dejase a nada ni a nadie no tendría espacio para lo nuevo”.

Me he estado convenciendo a mi misma por algunos meses que no estoy deprimida, que no estoy triste, me arreglo, soy una zombie funcional, hago las cosas que se supone que haga, trabajo, leo, escribo, digo chistes, pongo memes, comento, salgo a fiestas, conozco gente.
Es una vil mentira construida cuidadosamente por mí. Me lleva la chingada. Es como ponerse el corazón en la mano y exprimirlo: doloroso pero efectivo.

No estoy bien. Creo que el admitirlo me quema la garganta. No me siento bien y es porque no lo estoy. Yo no me enamoro, ya no me enamoraba y estoy aquí con el corazón roto. Porque me la paso esperando de las personas más de lo que son, de lo que en realidad tienen. Me rehusó a pensar que alguien pueda ser un hijo de la chingada sin un motivo, pero que importa el motivo si igual te hacen daño. Incluso aunque todo te indique que te lo hará, bien, feo. Que terminarás con un bote de nieve, viendo “La boda de mi mejor amigo”. No importa. Tú eres necia para aceptar algo que sabes que no podrás controlar, porque te conoces.
Pero eres lo suficientemente egocentrista para decirte que no te va a pasar, que tú puedes controlarlo todo, que todo estará bien, que tú eres quien lleva esto. Es mentira. Te mientes, porque se pega eso de ser mentiroso.
Terminas otra vez, mal, pero eres muy necia para aceptarlo, muy necia. No quieres admitir que estas equivocada. Que efectivamente hay gente que lastima y no son los valientes, aunque con esa bandera se presenten. Lastimar a alguien con la justificación del conocimiento de que será lastimado no es un pretexto válido. Los valientes no lastiman, los cobardes sí, porque es más fácil hacerle daño a alguien más diciéndole que no lo quieres que permitirte decirle a alguien que si sientes algo por él, es de cobardes ser tan cruel, porque así siempre tiene justificación y se lanzan con palabras que solo dicen la “verdad”. Y resulta que esa es su “capa” y su “bandera” cuando todos sabemos que no es así, que son sus miedos los que hablan porque somos muy necios para aceptar que ellos tampoco tiene el control de lo que pasa, y no son solo hojas flotando, nosotros mismos les dimos el poder y ellos lo tomaron. No eres una víctima , te repites y te lo crees, puedes salir de esto bien librado, te lo repites y te lo crees.

Es mentira. Puedes salir, pero no pretendas decir que no estas lastimada, porque tu orgullo NO te lo permite. Me dolió y eso es algo a lo que ya no estoy acostumbrada. Me molieron y salí de pie aunque fuera el puro cascajo.
Por que ¿Cómo matas algo que no existe? ¿Cómo lo terminas si no nunca tuvo nombre?

“Las cosas sin nombre perpetúan tan finamente la violencia porque solo aquello que se nombra, existe.”

Y si no existe, no duele y si no duele, no tienes por qué llorar y si no lloras es porque no sientes nada y si no sientes nada ¿cuál es el problema?

Son todas mentiras que justifican nuestro pavor de sentir algo, porque eso significa que aun tienes corazón, que todas esas clases  de “Hombres hijos de la chingada” han tenidos frutos nulos y que de la más inocente manera posible has caído en donde te has puesto una manta de víctima.  
No es cierto, no te mientas. La culpa no es de nadie y así nadie paga los platos rotos, no es cierto. Si se rompieron los platos y sí tenían dueño y te toca recoger. Pero no finjas que no son tuyos, que no era la vajilla china que la abuela te regaló,  pero que sí te duele, existe y si existe es porque tuvo nombre y lo que nunca tuvo fue madre.

Es difícil aceptarlo porque eso te otorgaría el estandarte de tonta y podrías ser todo en esta vida pero no tonta, degradaría a tu persona, te restaría puntos de listilla, pero seamos honestos, eso no es cierto.
Solo queda ser responsable pero no es suficiente porque aun siéndolo, aún en ese cascarón donde nada penetra, ahí adentro mientras la piel dura del rinoceronte se mantiene en pie, esta una forma amorfa, débil y triste que no sabe que putas hacer con lo que no se dijo. Con lo que siente, porque así es esto. Se lo traga. Para que se le acabe, que se le muere por dentro y que lo vomite un día  de borrachera, cuando ya sea estéril, cuando ya no duela, cuando esté muerto. 


Pero no importa, porque las cosas que no tiene nombre no existen, y si no existen, no duelen. 

domingo, 1 de octubre de 2017

Extraído de mi sueños.

Extraído de mi sueños.

Anoche soñé muy feo.
Se acababa el mundo y todos moríamos. Eran unos asteroides y veía como se acercaba a mí, me persignaba y le pedía perdón a Dios por todas las veces que hice mal. No me mataba, no el primero, fueron como 4 y al final me tocó, no sentí dolor alguno, solo quería saber que pasaba después de morir.
Dejamos de ser personas por un ratito, nos volvimos nombres flotando en un fondo negro, yo era “Fernanda” que estaba escrito con una letra Century Gothic en color morado, eso era yo. Después regresamos a nuestros cuerpos, sanos y salvos, en el que al parecer era el cielo. No sé qué hacía yo en el cielo, para serles muy honesto, la exclusividad del éste ha sido devaluada en los últimos años, ya cualquier sucio pecador entra.
Era un pasillo largo con muchas puertas, con alfombra, parecía un hotel y al principio estaba sola, peor luego llegue a lo que parecía más bien una recepción.
Ahí estaban TODOS y con todos me refiero a las personas que conozco y quiero.
Estábamos vestidos elegantemente de negro, no fúnebre, pero si impecable.
Nos veíamos muy guapos. De repente se escuchaba en el tumulto  una voz que nos decía que teníamos que buscar a nuestro compañero/compañera para entrar, porque resulta que al cielo se entra de a dos.
No es broma. Yo no entendía nada, me había librado de ir a las fiestas terrenales en plan de amiga incómoda que no lleva a nadie para que en el mismísimo cielo me pidieran acompañante. Pensé seriamente en librármela diciendo, “¡Dios!, yo vengo con dios” pero aunque no me lo habían dicho, ya no era capaz de mentir, política de la empresa, supongo.
Comencé a ver a mis conocidos emparejándose, uno por uno, ya no había que ocultar nada, nadie pretendía ser algo que no era. Encontré a mis primos con sus novias, a mis amigas con sus prometidos, a mi maestros con sus esposas y luego desubicada y buscando en el montón de gente vi a mi tía. Ella buscaba a mi tío y estaba a 2 de entrar en pánico porque no lo encontraba, recuerdo que la abracé y le dije que no se preocupara que él de seguro también la estaba buscando y luego apareció pero era más chaparrito de lo normal y ambas buscábamos en lo alto porque siempre solía destacar. Le dijo que era más pequeño porque uno es al amor su semejanza y ella era su chaparra y en este nuevo mundo la quería tener más cerquita.
Yo sabía que él la amaba un chingo. Se notaba.
Después me encontré a un conocido que siempre pensé que era gay, con su nuevo novio, me sonrió  y me dijo que me presentaba a Erick, su pareja, un doctor muy guapo por cierto, como les decía, en esto ya no había secretos ni dudas, todos éramos lo que éramos.
No me preocupó no encontrar a nadie, para serles muy sincera yo no sabía a quién diablos estaba buscando pero se me hizo obvio que lo entendería cuando llegara, porque si era mi otro yo, mi “no sé que putas tiene pero lo amo”, debería de estar en el cielo, buscándome, ¿no?
Ya casi todos estaban emparejados y yo mejor me senté en un sillón cafecito que estaba ahí en medio del todo.
Vino una amable señorita y me preguntó que hacía ahí <<no lo sé>> le contesté.
Ella ofreció ayuda para buscar conmigo <<no sé quién sea>> le volvía contestar.
-Pero ¿cómo es?
-No lo sé en verdad.-  le dije con toda la sinceridad del mundo.

Luego cruzó un nombre por mi cabeza y se lo dije…
Ella buscó en la lista.

-No esta señorita, a lo mejor él está más abajo.
-¿Más abajo?
-Sí, en un piso debajo de este.
-¿Hay pisos?
-Sí, esta es la planta baja.
-Pero entonces, ¿abajo que hay?
-El estacionamiento.
-A lo mejor esta estacionando el carro.
-Es solo para administrativos.
-¿Entonces? ¿Cómo puede estar abajo?
-Abajo del estacionamiento me refiero.
-¿Qué hay ahí?
-Sólo le diré que de eso no me encargo yo, son unas tipas con faldas muy cortas, rubias y con escotes grandes. Las “diablitas” les decimos.
-Señorita ¿me está diciendo que está en el infierno?
-Algo así.
-Pero aquí se entra de a dos ¿no?, lo dijeron hace rato.
-Así es.
-Entonces ¿cómo voy a entrar?
-Usted puede ir por él.
-¿Es un chiste? Todos encontraron su amor en la recepción y yo ¿tengo que ir “debajo del estacionamiento” por el mío?
-Pregunte primero si está ahí. 


Me acerqué a una de las “diablitas” que parecían strippers pero nice. Una llamada Lucía me dijo que la lista era larga pero que lo buscaría y ahí estaba, onceaba columna, sexta fila.Con negritas.
Cámara 7.
Es un chiste. Iría a buscarlo al infierno. En verdad. Me dio unas botas de bomberos y me dijo <<cuidado, está caliente>> me puse un casco rojo y salí de la recepción.
¾    Nunca me la pones fácil ¿verdad Dios? Apuesto que las monjitas que entrega su vida a ti no tienen que pasar por este filtro… haz de entrar con todas en plan de “ellas vienen conmigo”.
Me quejé hasta enfrente de la escalera para acceder a debajo del estacionamiento.
No había llamas, no estaba caliente. Parecía normal, una sencilla puerta moderna color chocolate, manija cromada.
No parecía el infierno o “algo así”. Si el cielo era un hotel, el infierno debía ser un spa o algo, un sauna, atendido por mujerzuelas, donde los niños que se portan mal son usados de meseros y la comida la facturan para cobrárselas a los municipios. Debió estar lleno de diputados y senadores, con sus panzas grandes y sus trajes caros.
No pregunté nunca porque él estaba ahí, no era necesario, yo ya lo sabía.

Y vi la puerta arder, ante mi certeza de que debí usar short ese día y no un vestido largo, sabía que terminaría mal. Con migo llena de hollín jalándolo de la mano para salir por la puerta, ¿tendría que hablar con el diablo? me pregunté  a mí misma ¿tengo que pedir permiso para sacarlo?, ¿qué tan anárquico es el infierno?, igual si me quedaba ahí ¿me sacarían?, ¿quién me sacaría? Supe que mi mamá iría por mí, pero igual ¿y si no me quería ir?¿ y si en lugar de llevármelo al cielo, terminaba en la cámara 7, debajo del estacionamiento con él?
No sé de donde viene tanta determinación cuando te han dicho que tienes que hacer las cosas. Creo que es porque ya no tienes que pensarlas, ya no hay otro camino, es ese y es ahora y ahora estaba vestida con un traje amarillo, con botas que pesaban una tonelada, con un casco y con ganas de que las cosas salieran bien. Abrí la puerta del infierno y lo vi.


Me desperté.
Me levanté y después mire a la ventana, un ratito, son las 7:20am. No estoy en el inferno, no he visto el cielo y nadie ha muerto.
Pero que feo fue, llegar sin ti a donde te dije que te llevaría.