sábado, 23 de marzo de 2024

Te-rdido un perro

Era sábado de calor de ese que te hace escurrir las fosas poplíteas con una gota traicionera que resbala sobre tu pantorrilla. 

El de los tacos y yo hemos roto relaciones.  Y tengo hambre de un te amo. 


Lo vi, plasmado en un mensaje ajeno: Te amo. 

La envidia me invadió. 


No recuerdo cuando fue la ultima vez que alguien me lo dijo. 15 años tal vez. 

El problema era el remitente. No había querido que nadie lo dijera hasta que pensarlo pareció insuficiente. 

“Popítlea” repetía en mi mente y resonaba “te amo” en mi hígado, bueno, lo que quedaba de él. 

Quería salir acompañado de un “no digas nada. No shhhh no digas absolutamente nada. Lo arruinaríamos. Como siempre.” Pero mi mente seguía pensando si era popitlea o poplitea. Que ocupada está cuando de hacerse pendeja se trata. 

Las almohadas no me están ayudando tampoco. Tienen la textura de su cabello y he perdido mi almohada favorita. No la encuentro, está escondida en algún lugar al lado de mi sueño porque ambos han desaparecido. 


He pensando incesantemente en llamarle a mi terapeuta y avisarle que necesito una cita. Que escucho voces y siento personas. Que estoy a nada de convertirme en una luz a través del cielo que cuelga del universo. Pero me niego a flaquear (si, en ambas formas) y caer en la somnolienta solución a la que me guiará. 

Pero me arde el pecho y mis pulmones se llenan de agua. Intento respirar por boca y soltar por nariz, fumo como si mi vida dependiera de eso (tal vez mi muerte si) y estoy cansada de pedirle respuestas a Chat TPG. Él sabe cosas pero no todas las cosas.

 

Mi última búsqueda decía: ¿Cómo medir cuantas mandadas a la chingada se consideran suficientes en esta vida?.

 Contestó eficientemente: 


La cantidad de "mandadas a la chingada" necesarias depende del contexto y de tus propios límites personales. Es importante recordar que expresar enojo o frustración de manera constructiva es más efectivo que simplemente desahogarse. Trata de encontrar maneras saludables de manejar tus emociones y resolver conflictos.


Y aquí estoy expresando mi frustración de una manera constructiva, haciéndole preguntas de las cuales ya sé la respuesta.


Una más, es una menos. 


Era poplítea, por cierto. 




martes, 9 de enero de 2024

A-Dios.

 

Me he tardado una eternidad en escribir esto.

No estaba lista.

Vengo de una familia religiosa, en su mayoría católicos, algunos carmelitas y todos ellos profesan una fe fuerte.

Mis primeros recuerdos hablando con Dios fueron de niña, rezaba el ángel de mi guarda antes de dormir y le pedía una que otra cosa como si fuera un mago.

Aprendí los rezos obligatorios en una mecedora blanca de fierro en el patio de mi abuelita mientras preparaba a niños para su primera comunión, después de eso me hice asidua de los domingos de catecismo y me enseñaron, entre otras cosas, algunas historias a través de la biblia. Sí, sentía culpa por mis pecados infantiles y pequeños, y sí, me sentí liberada la primera vez que me confesé. Cumplí con los sacramentos que mi edad me permitía e incluso participé como miembro activo de un grupo juvenil.

Esa es mi historia con la iglesia, no con Dios.

Yo conocí a Dios la primera vez que recé el padre nuestro en la capilla de Lourdes, después de abandonar a mi mamá en casa de una tía, en un momento en el que me sentía total y completamente desolada, abandonada, débil y sin valor.

Comencé a rezar >>Padre Nuestro que estas en el cielo…>> santifiqué su nombre y le pedí en cada estrofa que yo, una sierva más, fuera tocada por su amor, por su mano.

Sentí a Dios a través de mi, me levanté y salí del hoyo donde yo misma me había puesto.

Durante los siguientes años teníamos pláticas casuales en mi lugar personal favorito, en cama, justo antes de dormir. Siempre le agradecí lo bendecida que me sentía, lo completa que estaba.

De niña supe que tendríamos diferencias, desde que leyeron los mandamientos y el primero me brincó:

<<Amarás a Dios sobre todas las cosas>>. Quise levantar mi mano y objetar, como siempre, pero sabía que no era muy apropiado de una niña de 10 años poner en tela de juicio los mandamientos que guiaban a una iglesia de 2000 años.

Ya en privado y a oscuras le dije: “Se que eres Dios y tu me has dado todo, pero si me pones a elegir entre tu y mi mamá, vas a perder”.

Un trato que hasta el día de hoy mantengo con él.

Mi mamá es una persona de fe, más que religiosa creo que su amor por Dios es tan inmenso que la fortalece de una manera poco convencional: respeta su matrimonio, la maternidad, la amistad y sirve a Dios amando a su familia y siendo una persona bondadosa y agradecida.

A través de ella y con ella he sabido lo que es la fe y el amor incondicional. No creo que sea casualidad llamarme María, la madre de Jesucristo. Mi figura más sagrada no es en sí la virgen, es mi propia madre.

Ella siempre hablaba de Dios y sus gracias y desgracias, de sus “diosidencias” de las formas muy “particulares” de hacer las cosas para ese plan perfecto donde no se equivocaba. Yo coincidía y aceptaba todo esto, hasta que no estuvimos de acuerdo.

Recuerdo tambien esta plegaria que terminó siendo una amaneza de quien no tiene nada con qué negociar:

-No te lo lleves- Le rogué. -Es un niño, solo tiene 20, no te atrevas a quitárnoslo.

Él se atrevió.

Que enojada estaba con Dios. Mientras en mi casa veía una fe estoica y yo mentándole la madre por quitarme a mi Pollo.

No entendía por que mi mamá no estaba molesta con él. Si toda la vida la había escuchado decir que morir después de tus hijos era un acto antinatural, que lo había visto a través de amigos cercanos y siempre que pedía por ellos en sus ojos encontraba una súplica callada de no perder a uno de nosotros.

Creo que ella entendió antes que mi hermano se fuera algo que me costó bastante entender a mí.

Su propósito en la vida había terminado.

Pollo nos había enseñado cosas tan pequeñas y cotidianas que no fuimos capaces de ver que fue un maestro de poco tiempo, que la luz incandescente que irradiaba era propia de un cometa, fugaz, hermoso y corto. Pollo nos bañó de amor y de paz y sin saberlo nos dio una última lección: la fe.

Ella sigue diciendo que tiene cuatro hijos, y aunque uno no está en físico, siempre está aquí, con nosotros.

Lo entendí ahora: Pollo pasó de estar conmigo a estar en mí.

En mi forma de caerme, de reírme, de hacer las cosas que tengo que hacer, de ser torpe y lista a la vez, de no juzgar, de apoyar a la gente y de querer absoluta y completamente a las personas.

Creo que una parte de mi vivía en él, fue mi hermano, mi amigo, mi cómplice de infinidad de estupideces, fui su confidente e incondicional, su fan número uno en cualquier cosa que intentaba, su promotora, manager, inventamos los jueves de vino, le di su primer shot de tequila en la cocina, le enseñe a ser caballeroso, a vestirse de cuadritos y de botas, lo peiné en la primaria, lo enseñé a bailar la vaca lola en el kínder, a dar marometas en la sala, a bailar banda, a comprar rosas y a disfrutar la vida.

Como he dicho ya, el amor es para mi, la única cosa que transciende el tiempo, el espacio y la vida misma. Perderlo de mi lado me ha dolido tantísimo porque así de tantísimo disfruté tenerlo conmigo.

Solo algo que se ama así puede llegar a doler de igual manera, es la fuerza resultante de quitar del espacio físico un amor inconmensurable.

Es el vacio que deja su ausencia.

Voy llenando ese vacío día a día, con recuerdos y acciones que son para y por él.  Y como dije, ahora vive en mí, en mi interior, como Dios, como los consejos de mi madre y el amor de los míos. Mi hermano se ha convertido en mi línea directa espiritual a lo mas sagrado.

Mi fe esta sanando porque nada puede ser más hermoso que haber tenido la oportunidad de querer a alguien así y aprovecharla.

Así que Dios, gracias por ese regalo. Ese maravilloso regalo que fue tenerlo y que ahora viva en mí.

lunes, 18 de diciembre de 2023

Querer al que te quiere.

Últimamente tengo el leve presentimiento de que estoy a unos pocos pasos de leer la mente.

Caminábamos sobre una calle muy concurrida y él volteó hacia mi y sabía perfectamente que quería besarme. 

-Aquí no- Dije anticipándome a su intención. 

-Aquí no, ¿qué? 

-No me beso con la gente en público.

-¿Te da pena que te conozcan?es San Luis, nadie te conoce

Falso. San Luis en diciembre es Rioverde en domingos. 

-Nunca he sido una exhibicionista.

Falso. Si supiera de las cosas he hecho y lugares públicos que conozco demasiado bien en lugar de desalentarlo lo alentaría.

Seguimos caminado y nos encontramos un mercadito dominical. Entramos a buscar a mi amiga artesana y me compró un peine de madera y una crema de karité.

Mientras andábamos le conté que lamentaba presentarle una versión tan áspera de mi. Una que se pegaba la mano al cuerpo porque no quería que la tomara, una que no era detallista, le conté de la vieja yo, que era una persona menos rota y que la yo que él conocía desde hace muy poquito era una yo que no me era muy acorde a mi manera habitual de presentarme al mundo, está yo estaba asustadísima de gustarle. 

Él me veía con ojos de amor y yo solo pensaba en que me dolían los pies. <pinches botas> decía una y otra vez para calmar mi miedo de que se acercara más. 

Fuimos a comprar cosas navideñas y lo veía sostener todos los adornos que tomaba de los estantes, se acercó a darme un beso y no lo detuve.

<<Es lo que querías>> me recriminé mentalmente. 

Él fue por un carrito y yo me quede sola con mis pensamientos.

<<Eso querías… pero no con él>> 

Estaba jugando a gustarle e iba ganando. No sentía absolutamente nada. Ni pena, ni alegria, ni satisfacción. Sabía perfecto que le rompería el corazón y todo lo que me llenaba era la culpa. 

Él regreso con un carrito, acomodó las cosas y se colgó mi bolsa.

-Soy un hombre que resuelve- me dijo orgulloso. 

Durante todo el trayecto me puso dentro de la acera y jamás me dejó del lado de la calle, me cuido de todo y cuando estaba yo muy cansada nos sentamos en el rodete de un árbol.

Tomo mi pie y empezó a masajearlo.

<<Es lo que querías>> me volví a recriminar. 

Ese hombre pasó 8 horas de compras y no se quejó jamás, incluso cuando cambie el moño navideño seis veces. 

<<Es lo que querías>> continuaba recriminándome mentalmente. 

Comió pizza fría y se despidió con un abrazo. Sabía que quería besarme, pero no lo dejé.

No sentí nada. Me disculpe catorce veces por los inconvenientes, por la caminata, por mi indecisión de que moño escoger, por la gente, por la espera, por no poder pasar tiempo juntos, pero en realidad estaba disculpándome por no quererlo. 

Lo entendí ahí. De salida de San Luis mientras alzaba el dedo de enmedio al triangulo que formaba la parada de autobús. 

No podemos escoger a quien querer y esta vez, me toca ser la mala de la historia. 

A cada cosa que le decía pensaba mentalmente que estaba mintiendo. 

-Lo siento mucho, no estoy lista para una relación. 

Falso, quiero una relación pero no contigo.

-Me encanta pasar tiempo juntos. 

Falso, me siento obligada porque no puedo corresponder su cariño.

-Quisiera despertar contigo, espero verte pronto.

Falso, me gusta la amplitud de mi cama y si quisiera despertar con alguien no es con él.

-Siento que no he superado lo último que pasó. 

Eso si era cierto. A cada paso que daba quería decirle “A … le gustaba hacer eso” “A … le encantaba esa canción” “ … odiaría estar esperando 3 horas en Costco con tanta gente. El hace el súper los lunes” 

Quise cambiarle el nombre mil quinientas veces. 

La última se me salió un “Mi… vida, me pasas la caja esa”  

Que fácil sería esta vida si quisiéramos a quien nos quiere, y ahí está este pobre cristiano haciendo todo bien, porque no es lo que haga, es que simplemente no quería que lo hiciera él. 

domingo, 3 de diciembre de 2023

Kurz

Las personas dicen siempre que uses tu perfume favorito, saques la vajilla de la abuela en un día cualquiera y te pongas ese vestido azul que te encanta sin razón alguna, que no dejes las cosas especiales para fechas especiales ni por motivos especiales.

Existen tres cuadros de Star Wars que yo misma pinté, ahora viven guardados en mi clóset desde hace dos cumpleaños esperando que “las cosas estén bien” para ser entregados. 


Ayer los vi, los envolví en alguna papel que encontré en mi antigua casa y supe que no serían nunca colgados dónde quería que fueran colgados. Así terminan las cosas: ocultas y envueltas en un lugar que no deberían ocupar. 

 

Junto a esos cuadros había una carta. De esas a mano que no escribía más. Una hoja blanca de maquina escrita con mi mejor letra en tinta negra que  empezaba con un “Querido M…” y decía, entre otras muchas cosas, un “he logrado entender porqué  tratar de dejarte se ha vuelto casi imposible: es por la sencilla razón de que estoy usando el procedimiento inadecuado, muy protocolario, aplicando técnicas ancestrales para dejar de querer a alguien cuando en realidad lo que necesito es dejar de amarte”.


Ese “Te amo” implícito llevaba más de dos cumpleaños en el closet, creo que llevaba más que mi INE que antes fue IFE, y haciendo sumas y cuentas, llevaba más que cualquier prenda en ese closet. 


Catorce años, ni más ni menos.

 

Espere 14 años para volver a decirle a alguien que lo amaba. La carta terminaba con un “Te quiere Fer” como siempre han terminado mis cartas. 


Lo peor (o mejor) es que ni la entregué, ni lo dije, ni fue leído y morirá en ese closet otra vez. 

Si mis cálculos son correctos y la estadística no miente, tendré 44 años para el próximo “Te amo”. Espero que no se vuelva añejo y que aún polvozo y viejo como su portadora no sepa a vinagre, que no espere el momento adecuado para salir y me sorprenda en un beso a alguien que no se quede corto y que pueda contestar que él también. 

martes, 24 de octubre de 2023

Suma inapropiada.

Necesidad.-Impulso humano o motivación dirigido a satisfacer una carencia de naturaleza variable.

Yo lo había descrito alguna vez como la gravedad misma, que me jala irremediablemente a su centro. Que entre más cerca de él estaba era más mi impulso de meterme en sus entrañas y vivir en él. Así lo sentí. Pero no soy la luna ni el mundo. 

Estaba contrariada limpiándome las lágrimas de los ojos mientras repetía en mi cabeza su última frase “Entonces me empiezo a distanciar, verdad?” 

-Si, es lo mejor. 

-Ok, nos vemos

Me dio un abrazo rápido y se fue. Llevaba casi toda la mañana acostada en el lado izquierdo de mi cama hasta que él me dijo que fuera hacía su lado, extendió su brazo y me acurruqué. Ambos sabíamos que era el fin. No de nosotros pero si de esta era difusa donde habíamos borrado los límites y nos metimos uno con el otro hasta puntos difíciles de distinguir. 

-Te quiero y no quiero perderte. No puedo con más pérdidas este año. Y solo me he sostenido de ti pero ya no puedo, estás en todas partes y este cariño se está volviendo inapropiado. Es lo mejor para ti, para mi, para todos. 

El estaba con los ojos cerrados y una camisa de papá de domingos. Escuchaba su respiración y me acercaba a su pecho. 

-Esto que estamos haciendo tampoco es muy de “amigos”. 

-Me quedan 40 minutos de ser inapropiados y después te irás. 

Creo que nunca había llorado en su pecho. Pocas veces me había visto llorar y pocas veces había sido yo también quien limpiara sus lágrimas. No era propio de ambos mostrarnos frágiles y vulnerables. 

Jamás me enamoré de él. Siempre se lo dije. Sabía que era un amor que no me tocaba. Amarlo seria como ir a 300km/hr y estrellarme contra un muro. Sabía que no saldría ilesa de ese golpe y que sería terrible dejar de quererlo. 

-¿Sabes quien es mi mejor amigo? 

-Si,Ele. 

Me sorprendió que supiera, aveces ignoraba las cosas importantes y prestaba atención a los pequeños detalles. 

- Asi es, y ¿sabes por qué? 

-Porque siempre han sido solo amigos.

- Asi es, ni un beso, ni un gesto inapropiado, nada. 

-¿Por qué no podemos ser así? 

-No lo sé, tú dímelo.

-No lo sé.

Ambos mentíamos. Si lo sabíamos. Había veces que en la platica se quedaba un hueco vacío, uno que debía llenar con un beso, con su mirada de ven, con mis labios mordiéndose, pero no lo hacíamos. No estaba loca, él también lo sentía. Pero nunca seríamos suficientemente valientes para admitirlo. 

La diferencia era clara, yo quería a Ele y si, es mi mejor amigo pero a él lo quería más y diferente. Se sentía como una llama que me ardía en la garganta, como una condescendencia inexplicable a sus cambios abruptos de humor combinados con miles de botellas de wiskey que habíamos bebido. La amnesia y la mala intención existía y siempre era justificada y enterrada en la resaca. El alcohol siempre fue un pretexto pero lo cierto es que yo lo quería en mis cinco sentidos, quería olerlo y tocarlo siempre. Me atraía como la gravedad y yo me rehusaba a ser la luna y él mi mundo. Está ocupado enamorado de alguien más y yo tenía el corazón aún roto. No puedes construir en los escombros ni amar en la oscuridad, sabía que se pasaría, que el tiempo y la distancia nos volvería a alinear en el camino correcto, donde no hay reclamos de personas falsas, ni peleas de 4:20 am, donde me pregunta porque soy así, porque él es así. ¿Por qué no podemos ser únicamente amigos como lo hemos sido todo este tiempo? 

Esa era una mentira también, como enferma de negación, había bloqueado esos recuerdos donde cruzamos la línea, una vez, dos veces, seis veces. Lo “enterré” y decidí ignorarlo. Y hoy había florecido en la misma tierra que le juré muerte. Venían a salir brotes con las lágrimas que los regué. 

Inapropiada manera de darse cuenta que todo este tiempo, 1+ 1 siempre fueron dos. 

domingo, 17 de septiembre de 2023

El ruido de tus zapatos.

"Y ya ven a mis brazos, que estaré contento cuando escuche el ruido, que harán tus zapatos"
La Arrolladora Banda El Limón, 2013.


Me he tenido que explicar muchas cosas al despertar del día de hoy; como, por ejemplo: ¿qué hacía dormida abrazándome a mi misma, con la mano bajo la cara y la otra sosteniéndome por la cintura?

Juro por Diosito santo que pude sentir como estaba ahí, respirándome en la oreja, oí sus ronquidos y sentí lo áspero de sus eternas calcetas inseparables de los pies que le da pena mostrar, sentí el calor del aire que exhala sobre mi cuello y como apoyaba su nariz en lo alto de mi espalda, sentí como me sujetaba de todos lados y al intentar moverme me sostenía más cerca de él.  Escuche un “buenos días”, la presión de la cama moviéndose al levantarse, su sonido al caminar, no quise moverme ni abrir los ojos, tal vez eso lo ahuyentaría, tal vez, si seguía inmóvil en mi lado de la cama, él se movería sin despertarme de mi ensueño.

Se sentó para ponerse los zapatos, ese sonido de matraca para ajustarlos, se oían sus pisadas firmes pero ligeras y aunque no lo estaba viendo sabía perfecto que traería puesto un pantalón de mezclilla, una playera negra que dijera Ecoa-sabe qué y un cinturón que se apretaba demás, fajado como niño de kínder.

Se paró al lado de la cama, se acercó y me dio un beso.

Ahí abrí los ojos.

Lo que seguía no quería escucharlo, se volvía no solo un sueño si no una ilusión que estaba desechando. El diría algo que nunca pudo decir de frente y yo escucharía algo que sabía que no era cierto.

Iba a decir te quiero, que mamada.

No tenía permitido mentalmente caer tan bajo en mis propias alucinaciones, no me daba chance de flaquear emocionalmente, podía extrañarlo, podía entrar en crisis a las 3 am y volverme un poco loca, tenía permiso de mentarle la madre a La Florida cada que pasaba por ese triangulito al entrar a SLP, podía incluso dejar una que otra canción que significara algo, pero no podía en ningún caso, bajo ninguna circunstancia, imaginar que me quería. Eso sería lo más bajo de lo bajo. Después de la oda que había hecho en año y cacho demostrando en cada paso y en cada acción exactamente lo contrario a querer. Me prohibí ser la señora golpeada que saca al marido de la cárcel porque tal vez se merecía esos putazos. No podía desbloquearlo, mi Fernanda del pasado borro cada foto, cada conversación, cada cosa que pudiera contener información de él de manera que si un día me daba ansiedad no me quedara otra que controlarla. Que si un día me lo encontraba no iba a ser porque yo lo anduviera buscando.



lunes, 4 de septiembre de 2023

Morir de frío.

Ayer fue el primer domingo que no deseé que estuvieras aquí. Me tomó algo así como cuatro y medio meses poder sentir eso. 

No haces falta en mi mente los días siete y poco a poco se me ha desvanecido el deseo de recostarme en tu pecho y sentir tu olor enrredándome las piernas y besándome la frente. 

Ayer fue diferente. Aunque mi cama y yo tuvimos una aventura dominical nada me recordó a ti. 


Ya no dueles tanto. Solo a veces, solo poco. Ya no dejo que la tristeza me soborne y me ponga a buscarte en cualquier lado que sé que no te encontraré y mi yo cuerda ha deshecho cualquier rastro de que estuviste aquí. De que fuiste tan real como el aire que respiro.


No tengo fotos de tu rostro ni marcas en mi cuerpo que algún día estuve sumergida en la idea de que fueras el bueno. 

El que si valía la pena. 


He hecho una lista de difusión en WA para decirles “buenos días” a el empujón de autoestima que me dan los tipos que siempre me dicen guapa, así en lugar de darme tristeza me da risa. No escucho canciones de amor ni le digo te quiero a nadie. 

Porque no los quiero. Siento que ya no quiero querer a nadie. 


No tengo espacio en mi mente, en mi alma ni en mi ser para ningún marino errante que se disfrace de oveja para descansar en mis montañas. Cerré el centro de rehabilitación de pendejos y he descolgado la escalera blanca que adornaba mi puerta. 


Estoy llena de cicatrices por todos lados. Unas las podrías sentir sobre mi piel y hay otras tan profundas que ni con laparoscopia podías ubicarlas, nacen en mi pecho y se ocultan detrás de mi corazón. Soy un cúmulo de errores que me han prohibo abrir la puerta, sin importar si tocan o si hay alguien afuera intentando derribarla. 


Me guarde mis te quieros, mis te amos y mis te extraños para la siguiente vida, donde alguien tenga algún viejo derecho a merecerlo. 


Por lo pronto solo hay velas pequeñas que no me molesto en pagar y no me calientan pero evitan que muera de frío.